POZA de la SAL: QUÉ VISITAR

CONJUNTO URBANO

Poza constituye un claro ejemplo de adaptación de un casco urbano a un emplazamiento con unas características topográficas muy peculiares. El caserío de la villa se asienta sobre la ladera oriental del macizo calizo sobre el que se levantó el castillo, por lo tanto en este emplazamiento es destacable la pendiente y además el asentamiento del caserío sobre los conglomerados terciarios formados durante el Mioceno en la zona de contacto entre el páramo y la cuenca sedimentaria de la Bureba. Este último rasgo es quizá el más característico: la mayor parte de las casas, y también la muralla, no tienen cimientos, están asentadas directamente sobre estos conglomerados del terciario y apoyadas unas en otras, estructura que es perfectamente visible en el interior de la Casa de Administración de las Reales Salinas, en la Puerta de la Fuente Vieja de la muralla, y en el exterior de muchas viviendas caminando por cualquiera de las calles.

Durante la Edad Media el espacio urbano de la villa está ceñido por la muralla y definido por ella, de tal manera que el caserío se adapta a un espacio además de escalonado constreñido por la cerca, y las casas apiñadas configuran su peculiar trazado laberíntico, sus calles angostas, en definitiva una configuración urbana caracterizada por una escasez de espacio y luz que se trata de compensar mediante el incremento de la altura de sus casas, con desarrollo de dos, tres y hasta cuatro alturas, un rasgo destacable del caserío pozano.

A partir del siglo XVI comienza a desaparecer el paseo de ronda que separaba la muralla del caserío, y las casas se adosan a la propia cerca, remontando incluso su altura, y rebajando el propio muro para un aprovechamiento mayor del espacio. Este aspecto es en la actualidad perfectamente visible en los lienzos sur y norte que aún se conservan de la muralla.

La fábrica de sus casas se caracteriza por presentar aparejo de mampostería o sillería en las plantas bajas, con paramentos muy singulares por el uso de la ofita como material de construcción, que también aparece en el empedrado de las calles y en las construcciones salineras. Los pisos superiores son de fábrica de adobe, y entramado de vigas de madera como elemento sustentante y de descarga de tensiones, en el caso de Poza peculiar pues no se limita a una disposición vertical u horizontal de las vigas sino también con una disposición oblicua de las mismas, que resuelve el reparto de las cargas de un modo más racional y eficaz mediante el apoyo de las vigas horizontales superiores no en sus extremos sino en tercios de su longitud. Otro elemento típico fue el enlucido de las fachadas con yeso, pues el yeso fue otro material de construcción que se explotó en Poza a nivel local, producto del especial fenómeno geológico que aquí se produjo. En algunos casos ha sido posible ver trabajos de ladrillo, quizá recuerdo de antiguas obras de alarifes mudéjares.

En las viviendas son frecuentes los zaguanes empedrados que distribuyen el espacio, y junto a ellos las cuadras. En el resto de los pisos están las habitaciones, hasta llegar al más alto en el que en las casas de Poza se encuentra la cocina, cuyo elemento más importante es la amplia campana troncopiramidal sobre estructura de ladrillo –el fogón- en la que se hacía el fuego, hueca en su interior para guardar la leña, y en torno a la cual se disponían los bancos, de madera. Era el lugar más importante de la vivienda, donde se hacía la vida, lugar de reunión sobre todo en invierno. También algunas casas en Poza presentan un elemento típico de las casas norteñas: la solana, galería corrida orientada al sur o al este, construida en el piso más alto, entre los muros laterales de la vivienda, con antepechos y soportes de madera.